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“Cuando la clase media sufre…”

octubre 13, 2009

” … La mayoría de los que se encontraron un día en la calle sin empleo ha eliminado las comidas fuera de casa, los gastos en diversión, los paseos, y muchas veces ha sacado a sus hijos de escuelas privadas para pasarlos a públicas. Los que pudieron, salvaron la conexión a internet, su ancla con el mundo. “

¿Y ve alguien que los políticos de primer nivel se bajen los sueldos? Y el colmo es que nuestro internet es lento y caro, y además amenazan ponerle un impuesto más.

 

“”Pero todos podaron su círculo de amigos. Confían su situación sólo a las personas más cercanas; ante los demás se tragan lo que están viviendo, porque el desempleo llega a convertirse en motivo de exclusión social.

“Hay una cosa cabrona del desempleo: te vas aislando poco a poco, porque muchas veces las dinámicas de consumo son el eje de la convivencia”, …”

Y se aisla porque a un “gorrón” de café o comida no lo aguantan tanto.
El puritito orgullo y dignidad es lo que mantiene mas o menos cuerdos y tranquilos a los clase medieros. Pero las refrigeradoras ya se empezan a ver vacias y el hambre es mala consejera.

 

“… la crisis implica muchas veces ponerle una pausa a la vida, mantenerla en suspenso, esperar a mejores épocas. Pero cada vez se ve más lejana la posibilidad de ahorrar, de tener un empleo fijo y escalar a un puesto mejor, de contar con derechos laborales y jubilarse con una pensión digna. En estos tiempos, empleo no significa progreso. A la mayoría de la población, un trabajo no la mantiene alejada de la pobreza…”

Estudiar para tener un mejor empleo y un mejor futuro ya no garantiza nada.
¿Ahorrar? ¿Qué es eso? Si las quincenas se acaban a los dos días de ser recibidas pagando los servicios y comida.
¿Comprar un carro o una casa? Da miedo caer en falta de pago y luego ser embargado.

 

“Los mayores de 35 años libran una lucha contra el tiempo. Cada semana que pasa, cada cumpleaños, cada cana, los va dejando fuera del mercado laboral. Algunos sienten vergüenza por la acumulación de días en paro, como si eso los hiciera sospechosos ante los posibles empleadores. Sospechosos de holgazanería, de falta de aptitudes, de debilidad de carácter.

El tablero de empleos que ofrece la empresa de recursos humanos Manpower, ubicada cerca del World Trade Center, exhibe ocho vacantes, en su mayor parte para varones con una edad máxima de 35 años, con inglés en varios casos como requisito.”

 A los 35 años es cuando deberían de tener asegurado un empleo pues ya tienen la experiencia para ofrecer soluciones. ¿Y nos extrañamos de que haya tanto narco?

 

“La edad me ha limitado”, explica la pedagoga Guadalupe Quiroz, de 52 años, una mujer de impecable maquillaje, uñas cuidadas, ropa ejecutiva. Trabajaba 12 horas diarias como bibliotecaria por 4 mil pesos al mes en el Instituto de Turismo y Gastronomía, hasta que la despidieron. Todas sus quincenas las vivió con la angustia de la guillotina laboral.

Ahora recurre al comedor popular del gobierno capitalino en la colonia Niños Héroes, en la delegación Benito Juárez, donde diario hace fila para recoger cuatro platillos –a 10 pesos cada uno– para sus dos hijos y su madre, que dependen de ella. Está tomando un curso de call center en Banamex, pero no sabe si la contratarán. Y en cuanto platica su drama, comienza a llorar de tristeza.”

Y por mas mensajes que de F.Calderón, la realidad es así. La vida de esta pobre mujer ira de mal en peor. Discriminada por edad y por género, ademas de la falta de condiciones para que se de empleo.

 

Para las madres solteras, los ancianos y los enfermos que se quedan sin empleo ha sido más difícil navegar a contracorriente de la ola que los arrastra al empobrecimiento, hacia el desbarrancadero que comienza a quitar el piso de las clases sociales.

Desde hace ocho meses, cuando la despidieron, Osmara Sánchez vive con sus dos hijos en la azotea del departamento de sus papás, en la clasemediera colonia Narvarte, y ahora tiene que llevarse a sus hijos a los comedores populares del gobierno capitalino…”. –  extractos del artículo “Cuando la clase media sufre…” de Marcela Turati, revista Proceso número 1719, 11 de octubre del 2009.

 

¿Vale la pena el sueldo que les pagamos a los politicos?

¿Vale la pena quedarse en México?

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