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Renaut III

abril 19, 2010

Como dije antes, el Renaut es una ley que nació tonta.
Aquí transcribo un artículo facilito de entender y con ejemplos. A ver si cachan que la regaron.
¿Podrían por favor nuestros descerebrados representantes tragarse su orgullo y derogarla?

“La señora Guadalupe Salamanca solicitó una tarjeta de crédito en Bancomer BBVA. Algún ejecutivo, de esos que reciben bono según el número de plásticos que coloquen, se la otorgó sin verificar sus datos. La señora firmó mil 200 pesos y nunca pagó, por lo que el banco decidió llamarla para solicitar la liquidación del adeudo. El problema es que el teléfono que la mujer inventó resultó ser el mío, y a lo largo de los últimos cinco meses los cobrones del banco han llamado cuatro veces diarias buscando a la deudora. No hay poder humano que los convenza de que el teléfono no es el correcto: de un educado “está equivocado” hemos pasado a colgar, a invocar la protección de la Condusef, a solicitar a la persona que llama que inaugure su cerebro y a dejar que el teléfono suene sin contestarlo.

Les da lo mismo: puesto que el banco o su despacho de cobranza trabajan desde un call-center, el ejecutivo simplemente reporta que no tuvo éxito y, en el siguiente turno, otro empleado reitera la llamada. Cualquier intento de hacerlos razonar se topa con un hermético “así aparece en el Sistema”. La gente del departamento de cobranza, al parecer, tampoco tiene autorización para encender el cerebro: para borrarnos del “Sistema” nos sugieren ir al banco a presentar una carta donde diga que la deudora no vive, ni ha vivido, ni vivirá jamás en el domicilio correspondiente al número de teléfono (con lo cual corremos el riesgo de darle más datos a personas que no han dado muestra alguna de actividad cerebral).

En suma: el ejecutivo del banco no hizo bien su chamba o se equivocó y, lejos de pedirle una solución a él, nosotros -que nada tenemos que ver con el error o el adeudo- hemos de resolver el entuerto. Estamos en la era de la base-de-datocracia y lo que dice “El Sistema” es el equivalente moderno de la palabra de Dios: infalible, incuestionable, ineludible.

Mis dos lectores perdonarán que dedique este espacio a un problema personal tan intrascendente en apariencia, pero mi objetivo es advertir que de nada sirve el mejor sistema si cae en manos de unos descerebrados. Digo, si estos errores suceden en la IP -donde se supone que existen parámetros de calidad y responsabilidad-, qué pesadillas iremos a tener con un Gobierno que cree que la solución a todos los problemas nacionales es crear bases de datos y alimentar un sistema cuyos dictados puedan obedecer a pie juntillas burócratas sin un milímetro cúbico de cerebro (y no lo digo yo: en su legendario estudio sobre la burocracia, Max Weber advertía que la característica definitoria del burócrata es su incapacidad de desobedecer al sistema ejerciendo el pensamiento libre).

No hay que olvidar que la justificación para la creación del Renaut (o del finado Renave) era crear una base de datos que permitiera vincular los números de celulares con su dueño, de tal modo que se hiciera imposible usar estos aparatejos para hacer extorsiones desde la cárcel. Lo que nuestros brishantes legisladores no previeron fue que ficharnos a todos no era solución porque: a) los malandrines no iban a tener ningún interés en darle sus datos a la Segob; b) los anarquistas más vivillos iban a registrarlo con datos falsos; c) el comercio informal iba a ofrecer celulares prerregistrados a nombre de Mickey Mouse; y d) que un secuestrador o extorsionista no tendrá empacho en robarse un celular y hacer sus llamadas desde el mismo.

Es ahí donde la potencial pesadilla ciudadana empieza, pues quitando los registros falsos, habemos ahora 61 millones de mexicanos cumplidos dentro de la base de datos del Renaut, o, lo que es lo mismo, 61 millones de blancos potenciales para el dedo flamígero de la justicia mexicana. Un “Sistema” que, incluso cuando tratamos con seres dizque pensantes y razonables, funciona al revés de como debiera. Como en mi caso bancario, es el señalado quien debe invertir tiempo, dinero y esfuerzo en probar su inocencia y resolver las pifias de las autoridades. Al acusador le bastan sus sospechas, mismas que ahora serán respaldadas por “evidencia” surgida de una base de datos y, por tanto, elevada a rango de verdad infalible: “El sistema dice que usted es dueño del celular usado en este secuestro y hágale como pueda”.

Como sucede con todas las “soluciones” que se sacan de la manga nuestros legisladores sin considerar a fondo las implicaciones de sus propuestas, el gran logro del Renaut es haber puesto en manos de nuestra burocracia judicial una base de datos incompleta, imprecisa y alimentada con datos falsos con la que le será posible a las autoridades sospechar, extorsionar o incluso privar de su libertad a ciudadanos cuyo nombre sugiera la computadora. Ya si el celular fue robado o hay un error o falsedad en los datos, pos a ver quién hace rectificar al Sistema… sherpa01@gmail.com – “Base-de-datocracia” , por Claudia Ruiz Arriola, El Norte, 18 de abril del 2010.

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