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“Impotencia, rabia y miedo”

noviembre 18, 2010

Aha, cuando leíamos de guerra en otros países pensabamos: “Ni de chiste viviría yo allí.”
Pero así estamos en Monterrey. Con el miedo las 24 hrs.

“El otro día me di cuenta de lo ingenuos que somos con frecuencia y de cómo, aunque los adultos digamos lo contrario, una parte de nosotros continúa siendo infantil.

Al escuchar y ver en la tele las balaceras al norte, sur, este, oeste y centro de la Ciudad casi cualquier día de la semana, recordé cuando leía sobre los autobuses bomba en países del Medio Oriente o sobre el intercambio de disparos en la Franja de Gaza o en ciudades de Iraq o de Afganistán o sobre los atentados de ETA en medio de cualquier sitio, a cualquier hora; o sobre la lucha interna y añeja en Irlanda del Norte entre católicos y protestantes.

Por supuesto, no todo acaba ahí, pero si hago una lista de los atentados en la India o en Paquistán, o si me detengo en los crímenes y las masacres en Bosnia (para escoger sólo un sitio), me acabo el espacio.

Sin embargo, cuando leía sobre cualquiera de esas cosas, ingenua o estúpidamente pensaba: “Ni loca viviría yo ahí… ¿Cómo podrá la gente continuar con su rutina entre las amenazas de bombas, de granadas, de asaltos y de agresiones a inocentes?”. Pero como dicen ahora los chavos: Hello!

Mírenos hoy: llenos de miedo nos hemos ido replegando a nuestras casas que están en proceso de convertirse en guaridas.

Llenos de rabia intentamos no pensar todo el día en lo mismo, pero entonces escuchamos las sirenas hacia el sur, vemos el reloj y descubrimos que es la hora en que las hijas recogen a los nietos por ese rumbo.

La impotencia se mezcla con el miedo y con la rabia. Llamamos al celular. Si hay respuesta y todo hasta ese momento está bien, respiramos un poco (¡falta el regreso!); si no hay respuesta, esta amalgama de sentimientos nos hace pensar todo tipo de cosas. Literalmente luchamos por serenarnos y por detener el pavor con la lógica, pero rara vez funciona.

Por eso le digo: nunca dejamos del todo nuestras actitudes infantiles. Así como los niños muy pequeños creen que nada más los papás de los otros se mueren (nunca los de ellos), así nosotros creímos durante mucho tiempo que esas guerras internas sólo podían suceder en lugares remotos, jamás aquí.

Voy a escribir algo con mucho cuidado: nada justifica la violencia en ninguno de los sitios mencionados ni en ningún lugar del mundo pero, por lo menos, en todos esos casos hubo o hay un fundamento ideológico que los lleva a luchar por sus creencias. Por supuesto, su manera de luchar es inhumana y, por lo tanto, inadmisible y punible, pero hay un ideal, mal perseguido si usted gusta, pero lo hay.

¿Cuál es el ideal aquí? ¿Cuál es la lucha ideológica? ¿Cuál es el objetivo positivo a alcanzar? No hay respuesta para esas preguntas porque es una lucha por el poder, por el control. Nada más, pero nada menos.

Hace poco me llamó una querida amiga para sondear la posibilidad de traer a sus alumnos estadounidenses a una visita cultural a nuestro País. Le recomendé olvidarse del asunto. La probabilidad de que les suceda algo o les toque vivir una situación difícil es muy alta, de modo que, por lo pronto, es mejor buscar otro lugar a dónde llevarlos.

El pasado fue un fin de semana largo para nosotros. Los regiomontanos, que habían estado mucho tiempo sin atreverse a acercarse a la frontera, se fueron en grupo, amparados unos en otros para lograr las ofertas en turno. Con los asaltos a plena luz de día en la carretera a Reynosa, con las amenazas de los sicarios de “Tony Tormenta” de vengar su muerte y con el reciente bloqueo de ambos carriles al mismo tiempo, muchos decidimos quedarnos en casa por un buen rato.

Unos niños de tercero de primaria estudiaron qué es una entrevista; la tarea fue entrevistar a otros niños, mayores o menores; tema libre. Al día siguiente, al leer las tareas en clase y en voz alta, resultó que varios habían preguntado: “¿A qué le tienes miedo?”. La respuesta hasta hace poco hubiese sido: “Al ‘Coco’, a los fantasmas, a las víboras…”; ahora fue: “A que me maten de un balazo en la cara, a que los malos secuestren o maten a mis papás, a que nos echen una granada en la casa, a que se lleven a mi hermanito en la camioneta…”.

No es justo ni eso ni nada de lo que estamos sufriendo millones de mexicanos. Y lo peor es que no hay solución a la vista. rosaurabster@gmail.com ” – “Impotencia, rabia y miedo”, por Rosaura Barahona, El Norte en línea, 18 de noviembre 2010.

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