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Si no es tan descabellado

mayo 9, 2011

6 estados fronterizos para 6 cárteles. Y todos en paz, ¿no?

Me dió risa el artículo de Roman Revueltas (aunque hubo otros que lo criticaron duramente). Dividir al País por partido político suena gracioso.
¿Pero para qué hacerlo así, tan pasé, pudiendo dividirlo por cárteles de narcos? Hay en la frontera norte 6 estados colindantes con Estados Unidos. ¡Hay pa´todos! Quien quita y nos dejarían en paz los narcos a nosotros los ciudadanos…

“¿La solución? La división territorial de México
La Semana de Román Revueltas Retes
Román Revueltas Retes

2011-05-08• Milenio

¿Por qué no dividir el territorio en tres partes? Una porción estaría gobernada por el PRI, la otra por el PAN y otra más por el PRD. Las ventajas serían colosales: los respectivos gobiernos harían las cosas a su aire, sin oposición alguna y sin estorbos de ninguna especie. Y los ciudadanos se mudarían de una a otra según sus gustos y sus preferencias. La gente viviría muy contenta…

A ustedes y a mí nos queda muy claro que a los individuos de nuestra subespecie política les cuesta mucho trabajo entenderse entre ellos. No sería tan gravísimo que se llevaran como perros y gatos pero el problema es nos gobiernan y resulta entonces que sus desencuentros nos perjudican directamente. Y, debiéndose nuestra condición de súbditos sojuzgados a una fatalidad determinada por nuestra incipiente democracia, no hay gran cosa que podamos hacer: estamos en manos de la tal “generación del no”; somos sus víctimas, sus rehenes, sus damnificados.

Se me ha ocurrido, sin embargo, una idea brillante: ¿por qué no dividimos el territorio de Estados Unidos (Mexicanos) en tres partes distintas? Una porción estaría gobernada por el PRI, la otra por el PAN y otra más por el PRD. Digo, es una solución que no toma en cuenta a los otros partiditos pero eso no importa demasiado; el asunto es resolver, de una buena vez, los problemas de fondo de manera radical y eficaz. Para efectos prácticos, la parte sojuzgada por el PAN se llamaría Panlandia y las otras, siguiendo la misma observancia a raíces lingüísticas ajenas a nuestra idiosincrasia, serían Perredelandia y Prilandia.

Las ventajas de esta división territorial serían colosales, fantásticas, increíbles y maravillosas: los respectivos gobiernos de cada una de estas federaciones harían las cosas a su aire, sin oposición alguna y sin estorbos de ninguna especie; no necesitarían “consensar” las propuestas ni afrontar los arteros embates de los adversarios; todos y cada uno de los proyectos presentados por el titular del Ejecutivo serían aprobados en automático por el Congreso; las reformas y los cambios se harían —o se dejarían de hacer— sin la intervención de terceros entremetidos; y, finalmente, las decisiones se tomarían en plena concordancia con las doctrinas de cada partido y sin renunciar a sus principios fundacionales.

Naturalmente, surge una pregunta inevitable: ¿y los ciudadanos? Pues, muy simple: se mudarían de un país a otro según sus gustos y sus preferencias. Ya lo vemos, hoy mismo: hay millones de mexicanos que anhelan emigrar a Estados Unidos (de América) ¿o no? No se sienten bien aquí, no tienen oportunidades, no tienen futuro, les pagan sueldos misérrimos por trabajos durísimos, etcétera, etcétera, etcétera. De la misma manera, un habitante, digamos, de Perredelandia que se hartara del populismo de Obrador (una aclaración: él, Rayito, sería el jefe de Estado allí) podría establecerse, por ejemplo, en Prilandia o, con el tiempo, en alguno de los muy pequeños países que se crearían en una segunda etapa (Verdilandia, Petelandia —aunque estaría por verse si los petistas no deciden ser parte de una Confederación con los perredistas—, Convergelandia y Novaliandia).

La gente viviría muy contenta: los conservadores podrían promover la creación de un Estado vagamente teocrático en Panlandia o, sin ir tan lejos, exigir la anulación del divorcio y, desde luego, la cancelación absoluta de cualquier tipo de garantía legal para las parejas homosexuales (ni falta que haría, con perdón, porque todos los gays y las lesbianas ya no vivirían entre ellos pero los principios son los principios, faltaría más). En Prilandia se rendiría culto permanente a los postulados de la Revolución Mexicana y se fomentaría alegremente el corporativismo. En Perredelandia no habría ni ricos ni poderosos ni otra “mafia”, por decirlo en los términos acostumbrados, que aquella conformada por los incondicionales de Obrador: ¿a alguien le saca urticaria, aquí y ahora, que vuelva Bejarano a las andadas? Pues, en Perredelandia esto no sería mal visto sino parte de la normalidad pejiana. Para los pobres sería fantástico, además: toda la riqueza les sería repartida.

Repito la razón por la que, creo yo, me vino a la mente esta propuesta espléndida: nuestra clase política no sólo es absolutamente incapaz de ponerse de acuerdo sobre tema alguno sino que está dividiendo y enfrentando a la nación mexicana. ¿Por qué no nos dividimos de verás y ya? Digo…

revueltas@mac.com “

o-o-o-o-o-o

Ya en tono serio, estas propuestas “descabelladas” se dan de facto.
Me recuerdan las guerritas de la Edad Media.
Y tal como en esa época, el “noble” (ahora narco) que tenga más dinero, podra armar su mini-ejercito para salvar a los habitantes de sus tierras de los otros narcos contrarios, ¿no? (al menos eso dicen sus pancartas cuando las ponen)

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